sábado, 9 de febrero de 2013

Un hasta luego


UN HASTA LUEGO 

Si fuera mi deber escribir sobre un regalo que consideré memorable me quedaría sin palabras, la vida no se divide en objetos o segundos, está conformada por relatos, recuerdos, momentos y personas; todo aquello que nos deja sin aliento, y sobre todo, ese ardor en el pecho que nos hace sentir vivos. Sin embargo existen ciertos elementos con historias, cargados de sentimientos, tal vez capaces de hacer despertar las emociones más fuertes experimentadas por los seres humanos; compuestos principalmente por su esencia,  son un adorno para el amor o el amor en sí mismo.

Mi abuela enfermo hace dos años, quizás  más, preferí olvidar la fecha; para nadie es un secreto que tememos a lo desconocido y la muerte es un regalo que muy pocos logran entender. Ella sin duda, ha sido la persona más importante en mi vida, así que mi obsequio memorable fue despedirme, recibir su cadena fue  un honor.

La joya es de plata y le cuelga una medalla de la virgen, es delicada y su aspecto brillante inspira tranquilidad; cuando me la entregó dijo que me protegería, algo que hasta el momento ha sido cierto. Nunca había experimentado una sensación parecida a la que sentí cuando me obsequió la cadena,  no por su valor monetario, a decir verdad, eso lo encuentro insignificante, si bien es una joya y su precio es el correspondiente al de estos objetos, su importancia radica en el valor intrínseco; significa mucho para mí, es el recuerdo de su existencia, cada vez que la observo o la utilizo siento que está ahí, conmigo.

En ocasiones las palabras no son o serán suficientes para expresar lo que está en el alma, no obstante logran acercase, dándonos una idea de lo que sentimos; nostalgia es muy probablemente la palabra más adecuada para describir lo que sentí en ese momento, la añoranza del pasado y del futuro llegaron a mí, el deseo de olvidar y recordar, las dudas que no nacieron para ser resueltas y las primeras veces que nunca tuvimos. Sin embargo saber que ahora está en mis manos algo a lo que ella guardaba un gran aprecio me llena de alegría, es símbolo del amor existente entre nosotras, de nuestra unión y más aun de la conexión  que compartimos.    
Ahora cuando me siento a recordar el pasado mi abuela siempre regresa a mi mente junto con el momento de su despedida, sé que no compartimos un adiós, yo siempre lo consideré un hasta pronto, sin embargo, invariablemente me asaltan las mismas dudas,  (intuyo, como resultado del amor que le tengo),  “¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte? ¿Se muere el amor? ¿O se enamora la muerte? Tal vez la muerte moriría enamorada y el amor amaría hasta la muerte.”(Gonzalo S) 

Priscila  Caballero  

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